Javier Perianes

Creador de un sonido propio

 

POR ESPERANZA NAVARRETE, FOTOS DE ARCHIVO

Javier Perianes ha pasado ya de ser calificado el mejor pianista español a ser considerado uno de los mejores del mundo de su generación. A sus 39 años ha tocado con los mejores directores de orquesta y en las salas de concierto de más prestigio. Pero lo que hace diferente al músico andaluz es su capacidad para crear un sonido propio, como sólo lo consiguen los grandes.

 

Si sus cualidades artísticas, dotadas de un gusto refinado y una extraordinaria calidez sonora, concitan unanimidad, lo mismo ocurre con su personalidad, como lo pueden atestiguar los muchos amigos que tiene en Catalunya, incluido el que denomina su maestro, Josep Colom. Conversador nato y de espíritu abierto lo que más sorprende es su manera tan natural de comportarse. ”Parece –confiesa– que los músicos de clásica tenemos que ser criaturas elevadas cuando en realidad somos personas normales”. 
Ya en su pueblo de Nerva, en Huelva, sus vecinos conocían su carácter comunicativo. De pequeño le gustaba seguir la costumbre veraniega de sentarse con la familia por la noche a la fresca y siendo un renacuajo distraía a los vecinos con sus imitaciones de personajes conocidos.
Es hijo de un electricista que tuvo que hacer muchas horas extras y de una madre que bien se merecía ser asesora del Ministerio de Economía, por lo bien que gestionaba los escasos recursos familiares, que tenían que dar para comprarle el nuevo piano a su hijo y para enviar al otro hijo a estudiar Medicina a Sevilla. “Y nunca nos hacían ver que era un sacrificio para ellos”, dice.

"Me gustaría seguir desarrollando mi profesión, de la que estoy enamorado y enganchado, con la misma honestidad. Mi tendencia es no soñar demasiado e ir aceptando las cosas como van viniendo"

Hasta los 8 años su vocación era la de periodista deportivo pero se acabó imponiendo la música y gracias a sus notas y a sus muchas menciones académicas ha recibido una sólida formación dentro y fuera de España. De él dice Gustavo Dudamel, a cuyas órdenes ha hecho recientemente tres conciertos en Los Ángeles con el último Mozart: “Mientras lo oía tocar –dice de él– tuve la sensación de que era el Mozart ideal”.


Javier asegura que su energía creativa proviene de los suyos: de sus padres, aunque su madre ha fallecido; de su hermano y de su esposa, también pianista. ”Ella es mi mejor aliado y la pieza fundamental para seguir una carrera como ésta”.  La pareja vive en Madrid en una casa con dos pianos en los que se toca buena parte del día. Pero una vez más, ha conseguido que los vecinos se conviertan en aliados. ”No se queja nadie, al contrario. Amparo, la vecina de al lado ha reubicado el salón de su casa y ahora invita a sus amigas los sábados a tomar café y cuando acabamos de ensayar nos aplauden. Juani, la de arriba, alguna vez me pide si puedo tocar un poco más alto y otro de los vecinos me paró una vez para decirme las piezas que él creía  más idóneas para mí”.
Vive la música como una manera de entender la existencia y a pesar de sus éxitos no aspira a nada concreto. ”Me gustaría seguir desarrollando mi profesión, de la que estoy enamorado y enganchado, con la misma honestidad. Mi tendencia es no soñar demasiado e ir aceptando las cosas como van viniendo”.

 


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