Rocío Márquez

La cantaora doctora

 

POR ESPERANZA NAVARRETE, FOTOS DE ARCHIVO

Desde el pasado mes de julio de 2017, Rocío Márquez une a su condición de cantaora y compositora, la de doctora, título que le ha otorgado la Universidad de Sevilla con la calificación de sobresaliente cum laude. A sus 32 años ha sido la primera artista de la historia en realizar una tesis sobre el flamenco que ha girado en torno a la técnica vocal. 

 

Rubia, de ojos azules y paya, rompe con la imagen asociada a las cantaoras. Sin embargo, Rocío ha bebido y se ha formado desde los 9 años en las peñas y ambientes más puristas del flamenco. Combinando este aprendizaje con sus estudios musicales en el Conservatorio y posteriormente los de Magisterio Musical en la Universidad de Sevilla.
 Sin tener ningún antecedente familiar vinculado con la música, se convirtió muy pronto en una virtuosa del flamenco. Su trayectoria inicial, surcada de premios, tuvo su eclosión en el Festival del Cante de las Minas, en donde se alzó con la Lámpara Minera y cuatro galardones más, palmarés que sólo había logrado Miguel Poveda.
 Su nombre empezó a extenderse entre los amantes del género, de tal manera que ya ha debutado en solitario en recintos como el Teatro Real o el Palau de La Música. Sin embargo llegó un momento en el que no se sentía cómoda con lo que hacía .”Hace cuatro o cinco años empecé a sentir  la necesidad de buscar otros caminos. Era como si le hubiera perdido el sentido a cantar de forma tradicional, como si se estuviera convirtiendo en algo rutinario”.

"Cuando estaba saturada me iba a pasear por el Parc Güell, cercano al estudio, y volvía a escuchar los temas con otra perspectiva"

Fue una decisión compleja porque se exponía a las críticas y a perder parte del público que la había seguido hasta ese momento. “Tuve que interiorizar que no siempre puedes gustar a todo el mundo y que lo importante es ser honesto con uno mismo. En definitiva, eso es algo que todos tenemos que aprender en un momento u otro de nuestras vidas. Aceptarlo da mucha paz”. asegura.

 

Desde entonces su música ha circulado entre la pureza y la heterodoxia, la tradición y la renovación, como se ha plasmado en sus dos últimos trabajos discográficos: El niño y Firmamento.
Este último lo ha grabado con músicos de clásica y contemporánea, con saxo, piano y percusión, prescindiendo de la guitarra flamenca. El disco, con un marcado contenido social, añade a sus propias composiciones textos de Cristina Rosenvinge y de las poetisas María Salgado e Isabel Escudero, así como textos de Santa Teresa de Jesús. ”En un sistema patriarcal y en un mundo machista como el del flamenco es fácil sentir una conexión íntima con mujeres que piensan de manera parecida a la mía”.
El álbum, producido por el músico catalán Refree, se gestó en Barcelona .”Cuando estaba saturada me iba a pasear por el Parc Güell, cercano al estudio y volvía a escuchar los temas con otra perspectiva”. Poseedora de un discurso muy bien articulado, su presencia encima del escenario desprende un magnetismo capaz de cautivar al que la oye. Y así ocurrió el pasado mayo en el Festival de Primavera de Praga, en el que por primera vez se dio paso al flamenco con su voz.

 


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